En el universo del Pingtandé de la Maquiria no existe nacimiento biológico. No hay padre ni madre, no hay sangre ni vínculo genético. La vida fue un acto deliberado de voluntad cósmica: la Maquiria, en un estallido de colores y energía, depositaba un cristal en forma de rombo en el pecho del nuevo ser. Ese cristal recibió el nombre de Gridsku, y con él llegaba la existencia misma.

"Un cristal Gridsku para cada una de mis creaciones."
— Segunda Ley de la Maquiria

La Naturaleza del Cristal

El Gridsku no es un órgano ni un artefacto: es un corazón de energía pura. Brilla con el color del clan al que pertenece su portador, latiendo con un pulso visible que se intensifica durante el combate y se atenúa en la calma. Si un guerrero pierde temporalmente su Gridsku, puede recuperarlo y sobrevivir. Pero si el cristal es retirado de forma permanente, el ser deja de existir, regresando su esencia a la Maquiria.

Es por ello que la Séptima Ley prohíbe retirarse uno mismo su propio Gridsku. La autodestrucción es un concepto que la Maquiria no toleró en su cosmos: cada vida tenía un propósito, y solo a través del combate honorable o la voluntad de la Creadora podía un cristal cambiar de manos.

Los Siete Colores

Cada clan porta su Gridsku de un color diferente, lo que define no solo su identidad visual sino la naturaleza de su energía. Los colores de los cristales son:

Amarillo — Trisis Azul — Marius Verde — Crosour Naranja — Parunis Celeste — Vitros Negro — Democks Blanco — Razzar

Gridsku contra Shizen

No solo los 70 integrantes de los clanes portan cristales. La flora y la fauna del Pingtandé también poseen los suyos, llamados cristales Shizen. Estos son de menor jerarquía: adquieren el color del hábitat donde la criatura reside y su cantidad varía de 1 a 10 según la complejidad, tamaño, fuerza y edad del ser.

A diferencia de los Gridsku, los cristales Shizen no otorgan inmortalidad. Las criaturas de la flora y sí pueden reproducirse, pero también pueden morir. Esta es una distinción fundamental que establece la Sexta Ley: la inmortalidad pertenece exclusivamente a los 70 creados.

La gran paradoja del universo Máksamma es que la inmortalidad no es una bendición sino una responsabilidad. Cada guerrero existe con un propósito, y el Gridsku es tanto su don como su cadena.

El Cristal en Combate

Durante los torneos, el Gridsku se convierte en el punto más vulnerable de cada guerrero. Las técnicas de combate más devastadoras apuntan al cristal del adversario — no para destruirlo, sino para forzar su extracción temporal y declarar la victoria. Es una danza de estrategia, no de aniquilación.

Sin embargo, hay técnicas que interactúan directamente con la energía del cristal: los Crosour pueden absorber energía de un Gridsku ajeno, los Democks desarrollaron el "poder compartido" para igualar niveles de energía, y los Vitros, con su flor de loto, pueden alterar la frecuencia del cristal rival para debilitar su resonancia.

Una Existencia Vinculada

Para los seres del Pingtandé, el Gridsku no es solo una fuente de vida. Es identidad, es pertenencia, es el lazo invisible que los conecta con la Maquiria y con su clan. Por eso, en cada Fausta, cuando un nuevo cristal descendía del cielo y tomaba el color de un clan, los 70 seres sentían en su propio pecho una vibración de reconocimiento.

Setenta cristales. Setenta vidas. Un solo origen.